Unos dicen: “La oración es para los instantes de bienestar, cuando la vida corre feliz:” Y porque se sienten felices no tienen tiempo para la oración.
Otros afirman: “La oración es para los momentos difíciles, la hora crítica de la prueba y del sufrimiento.” Y porque están sufriendo, exclaman: “¡Cómo orar en un desespero de esos!”.
Algunos exclaman: “Dios, Jesús… están muy lejos, parecen tan abstractos o dislocados de la realidad existencial!!...” No saben que la oración que no hacen les retira la inspiración que viene.
“Mi problema es la falta de fe. Por eso no oro.” Si orase más, deseando creer honestamente, y la fe soplaría en su corazón en crecimiento incesante.
“No tengo tiempo. Ando tan cansado, que no me sobran reservas físicas ni emocionales para la oración.” Y porque no ora ese hombre, se le evanecen las fuerzas, vencido por el stress que le consume por dentro y por fuera.
Esos son problemas que rechazan. Dios no entra en las suyas ni en la vida de nadie sin ser deseado.
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Pero existe la oración que se quedó sólo en el recuerdo: el problema llegó primero y no encontró a la persona preparada para resolverlo…
De la misma forma existe la oración que llegó atrasada: en ese caso, la ayuda de Dios, que podría evitar el incendio, es canalizada para su extinción. Aunque con el socorro, hay siempre perjuicios a contabilizar.
No se pregunte, nunca, por qué Dios consintió que le ocurrieran las cosas de esa forma. Le falta, ahora, la comprensión de que lo que ocurrió es lo mejor o le faltó, antes, el combustible de la oración de que Dios se utilizaría para cambiar el rumbo de las cosas.
Esos son los problemas de los que no saben orar. Invierten poco y desean ganancias en superávit.
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La historia empieza con la madre arrodillada, orando, en un día de Carnaval, para pedir ayuda al Dr. Bezerra de Menezes, Espíritu, por Julinda, su hija, internada en un hospital psiquiátrico de Rio de Janeiro con diagnostico médico de psicosis maniaco-depresiva.
Según información del Espíritu Philomeno, el narrador, Julinda procede de una región espiritual infeliz donde se precipitó por culpa de abusos de la sexualidad, reencarnándose con el propósito de rehabilitarse de errores y crímenes perpetrados en encarnaciones anteriores.
La primera infancia, la vivió entre pesadillas, insomnios y disturbios de comportamiento, fenómenos esos oriundos de las vinculaciones espirituales dañinas y proyecciones del inconsciente, haciendo con que presentase, desde los tres años de edad, arritmias cerebrales.
En la adolescencia e incluso en la fase adulta revelaba un temperamento difícil, y porque sufría imposiciones obsesivas se adaptó, sin reacción, cayendo en caprichos y extravagancias injustificables.
Su madre, Dña. Angélica, la orante, poseía conquistas espirituales significativas y, amando mucho, consiguió encaminarla hacia un matrimonio digno, aparte de ser programado en la Espiritualidad, a fin de que la hija tuviera el amparo necesario para triunfar en sus propias pruebas.
Sobre su padre, ya desencarnado – y desencarnó joven según programación espiritual, para retomar tareas que dejó interrumpidas – era también un alma noble, que, en aquella coyuntura, al dejar a su hija en la Tierra, se unió a la esposa en las oraciones y providencias por su recuperación.
Registrada la tocante rogativa por los sensores del aparato de los puestos de socorro instalados en el ambiente espiritual de la gran Ciudad, para fines de socorro al Orbe en aquellos bulliciosos días del Carnaval, el Dr. Bezerra de Menezes, que en aquella estructura de trabajo de emergencia tenía las funciones de comando, se decide por atender, de inmediato, la evocación, dirigiéndose al hogar de la suplicante, en compañía de Manoel Philomeno de Miranda, para las primeras observaciones y providencias.
Llegando ahí, y ya en la amplia alcoba del confortable hogar de Doña Angélica, se ponen los dos Espíritus a acompañar, concentrados, las últimas expresiones de la oración de la madre de Julinda que se dirigía a Jesús en estos términos: “Permitid que el Dr. Bezerra de Menezes, de quien tanto he oído hablar, en vuestro nombre, puede venir en mi ayuda. Como nosotros, él también fue padre y experimentó un dolor equivalente, junto a un hijo….”
En ese punto, narra Philomeno: “Observé que la evocación directa al pasado del Apostol Espírita de Brasil lo sensibilizó sobremanera. Comprendí que le rebuscaba los archivos mentales a fin de apoderarse de la aflicción que la maceraba… Envolviéndola en una tierna y dulce vibración de afecto, él le habló psíquicamente: “Tu oración fue escuchada. Confía y espera. Ahora, échate y reposa.” Y después de breves reflexiones me habló para que le partiéramos para visitar a la enferma.
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Quien leyó la obra En las Fronteras de la Locura, de Manoel Philomeno de Miranda, por la mediumnidad de Divaldo Franco, Editora LEAL, de donde se sintetizó esta narrativa, conoce el desarrollo de los hechos, acompañó la saga de esas almas en lucha contra la enfermedad moral y la obsesión, luchas en que la oración se hizo luz para que el Bien triunfase.
Pues bien, Julinda se curó, a duras penas, el obsesor arrepentido le fue al encuentro en los brazos maternales y los padres, alegres por la renuncia, se colmaron.
Victoria de la Oración.
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Amigo de la mediumnidad, la oración será la fuerza motriz de tu trayectoria.
Cuando la facultad despunte en las carnes del alma, convocándote la vida hacia la rectificación de rumbos, a través de donaciones de amor a favor de aquellos con los cuales te comprometiste para ayudar y te sentiste amenazado por las fuerzas espirituales de la ignorancia intentando impedir tu esfuerzo, es en la oración que encontrarás resistencias para mantenerte de pie y triunfar.
Cuando amenace desfallecer tu voluntad ante las arduas disciplinas, pero indispensables a la educación de tus fuerzas nerviosas, a fin de aprender a transfundir y transmutar energías en la función que escogiste de medianero de la caridad, será con el auxilio de la oración que regenerarás los circuitos internos por donde fluye la energía terapéutica de que serás instrumento valioso para el realzamiento de los necesitados.
Serás invitado permanentemente a descender-subiendo para ayudar, así como a subir-descendiendo para estar con tus Guías Espirituales en ese bendito afán de ceder tus facultades, convirtiéndote en canal entre las experiencias físicas de la Vida y las espirituales. Encontrarás, en la oración, la fuente suplente de estímulos sustentándote el equilibrio, en ese desiderato de la inter-existencia en que te presentarás como trabajador dedicado, amante de lo que hace.
Más que enemigos de fuera, encontrarás los de dentro, tus pasiones ególatras, que generan sombras densas – el mal dejado atrás que aún no recuperaste – y sombras que se pueden realzar, oriundas de la ignorancia que aún cargas. Necesitarás de la oración a fin de diluirlas, aportándote orientación segura en la senda por donde sigues.
Anota estas frases-amor con que la benefactora Joanna de Angelis nos brinda, haciéndolas como guías y armaduras indestructibles para tu vida mediúmnica.
La oración es combustible excepcional; ([1])
Lubrificante en la máquina de la vida ([2])
Interfono para hablar a los oídos divinos ([3])
[1] Dimensiones de la Verdad, Cap. Impedimentos, Joanna de Angelis, psicografia de Divaldo P. Franco.
[2] Lampadario Espírita, Capítulo 36, Idem. Idem.
[3] Convites da Vida, Capítulo 31, Idem, idem.